A escasos metros de la vivienda principal, y con total independencia, se levanta un segundo hogar: un apartamento de invitados completo, con dos dormitorios, dos baños, salón propio y cocina. Es la pieza que convierte esta finca en algo más que una casa de vacaciones: puede alojar a la familia extendida sin perder intimidad, funcionar como vivienda para servicio, o generar ingresos por alquiler sin que nadie tenga que ceder su espacio.