Triana tiene ese ritmo pausado que ya no abunda en el centro. Se camina, se compra el pan en la esquina, se para a tomar algo sin mirar el reloj. Vivir aquí es elegir la ciudad más amable.
La casa cambia con las horas. Por la mañana, los ventanales de la primera planta llenan el salón de luz natural. Al atardecer, la terraza del ático se convierte en el mejor sitio de la casa.